BIENVENIDOS A LA FAMILIA DE DIOS: UNA MIRADA DESDE LA ECOTEOLOGÍA

Un discipulado para guiar, fortalecer y restaurar la comunidad de fe

Por: Prta. Abigail Gosalvez

Ser parte del discipulado “Bienvenidos a la Familia de Dios, una mirada desde la Ecoteología” ha sido una experiencia profundamente enriquecedora para mi vida pastoral y espiritual. Como pastora de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Cochabamba, recibí este proceso de formación con gratitud y esperanza, entendiendo que Dios continúa llamándonos a crecer no solo en conocimiento bíblico, sino también en nuestra manera de vivir el evangelio de forma integral. Este discipulado abrió un espacio de reflexión sobre nuestra relación con Dios, con el prójimo y con toda la creación.

A lo largo de las enseñanzas, pude comprender con mayor profundidad que la misión de la iglesia no se limita únicamente a predicar, sino también a formar discípulos comprometidos con el cuidado de la vida y con la restauración de todo aquello que Dios creó. La ecoteología nos recuerda que la creación es obra de Dios y que como hijos suyos tenemos la responsabilidad de administrarla con amor, respeto y sabiduría. Esta mirada amplió mi visión pastoral, ayudándome a entender que una comunidad restaurada también aprende a vivir en armonía con su entorno y a reflejar el Reino de Dios en acciones concretas.

Sin embargo, no fue un camino fácil. Muchas veces los tiempos, las responsabilidades y las dificultades personales hicieron que algunos hermanos se desanimaran o se detuvieran en el proceso. Hubo momentos en los que parecía difícil continuar, pero comprendimos que el discipulado también implica perseverancia, acompañamiento y cuidado mutuo. A través de la oración constante, las llamadas telefónicas y las palabras de ánimo, pudimos motivar a muchos a seguir adelante y fortalecer su fe en medio de las pruebas. Cada conversación y cada momento de apoyo se convirtió en una oportunidad para recordar que nadie camina solo dentro de la familia de Dios.

Este discipulado fortaleció mi llamado a acompañar y guiar a los miembros de la iglesia en su crecimiento espiritual. Cada enseñanza se convirtió en una herramienta para animar a la congregación a vivir una fe práctica, sensible a las necesidades humanas y comprometida con el cuidado de la creación. Aprendimos que ser parte de la familia de Dios implica caminar juntos, apoyarnos mutuamente, practicar el perdón, el amor al prójimo y la mayordomía responsable de los recursos que Dios nos ha confiado.

Asimismo, este proceso permitió que muchos hermanos y hermanas reflexionaran sobre su papel dentro de la iglesia y de la sociedad. Como comunidad de fe, entendimos que el evangelio trae restauración integral: restaura corazones, relaciones, familias y también nuestra relación con la creación. Dios nos llama a ser una iglesia que no solo proclame esperanza, sino que también viva de manera coherente con los valores del Reino.

Hoy puedo afirmar que este discipulado amplió nuestra visión de iglesia. Nos ayudó a vernos como una comunidad restaurada y enviada a servir con amor, sensibilidad y compromiso. Como pastora, agradezco a Dios por esta experiencia que fortaleció mi ministerio y renovó el deseo de seguir edificando una congregación que viva el evangelio de manera integral, siendo luz y testimonio en la ciudad de Cochabamba.

En la paz de Dios.