No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo…
Por Pr. Mario Seth Morales
En este corto artículo les invito a acompañarme a abordar el tema de la muerte a partir de la misión integral que hemos llamado EcoEvangelDiscipulado, es decir, la proclamación de las buenas nuevas. Para ello: primero, visitaremos algunas definiciones de la muerte en la época que vivimos, incluyendo la realidad de que todos vivimos equidistantes de la muerte. No hay forma de prepararnos para morir, pero sí podemos vivir plenamente y descubrir que, en el proceso de morir, lo eterno, lo temporal y la creación no están separados; más bien, nos permiten abrirnos a la intuición de la realidad plena en la Trinidad. Segundo, hablando de muerte, consideraremos el sistema económico en el cual vivimos como el peligro más grande de extinción en este momento de la historia humana y la necesidad apremiante de transformarlo desde donde estamos. Tercero, aterrizaremos este corto artículo enfatizando la importancia del Eco-Evangel-Discipulado como la fuente que ya tenemos a nuestro alcance para desarrollar el liderazgo kenótico, compasivo y dedicado al servicio y la cooperación, como la fórmula enseñada por Jesús a sus discípulos para empezar a superar y transformar las motivaciones destructivas de nuestro tiempo: el odio que se alimenta de la competencia y la destrucción de la vida. En la conclusión les presentaré algunas oportunidades para tomar acción y vivir la plenitud cosmo-teo-ándrica, haciendo de la misión de servir el anuncio de las buenas nuevas como eco-evangel-discipulando ahí donde estamos.

Hablemos de la muerte
La muerte en la sociedad moderna es un tema escabroso. Nuestra tendencia es evitar mencionarlo en nuestros diálogos del día a día, hasta que llega ese momento inevitable en que tenemos que conversarlo porque simplemente no nos queda otra alternativa. Me refiero a esos momentos tan difíciles cuando repentinamente recibimos diagnósticos terminales o cuando alguien muere de manera inesperada por diversas razones. Evidentemente, como cristianos, tenemos un arsenal de pasajes bíblicos que nos afirman que la muerte en Jesucristo no es pérdida sino ganancia (San Pablo). Pero aun así, son muy pocas las veces que desde el púlpito escuchamos a nuestros predicadores hablar del dolor y las oportunidades que causa la muerte cuando nos visita.
En realidad, todos estamos equidistantemente de la muerte: tanto el que ha sido diagnosticado con una enfermedad terminal como el que sale a caminar por la calle, sufre un accidente y muere. No importa dónde nos encontremos; la muerte puede llegar a cualquiera de nosotros o de los que amamos, en cualquier momento. Por esta razón, no hay forma de prepararse para morir per se. Evidentemente, hay preparativos sabios que podemos hacer para ayudar a nuestros seres queridos si nos llega el momento de morir, pero en el devenir de la vida no sabemos cuándo vamos a morir.
En este sentido, saber que no sabemos nos lleva a optar por la negación moderna de la muerte, en la que aún como cristianos nos encontramos. Pero aquí les presento otra alternativa que podría traer mayor esperanza a nuestros corazones y a los que nos rodean. La alternativa es ver a la muerte con más respeto, como respetamos a una maestra sabia que nos enseña a ampliar nuestra experiencia diaria con Dios. Es decir, con mucha más certeza de que para nosotros, en Jesucristo, el vivir diariamente es el regalo más precioso que tenemos. Que disfrutar conectados con Dios y con su creación diariamente es precisamente la plenitud de la vida. Que cada día es una oportunidad de disfrutar la realidad plena de la vida, en donde lo eterno (Dios-Teos), lo temporal (la creación-Eco) y nosotros (humanos-Antropos) participamos de manera integrada, no separada.
De la misma forma como Jesús el Cristo les dijo a sus discípulos en aquella conversación en torno a la muerte: «El Padre (Dios-Teos), Yo (Jesús el Cristo) y ustedes (humanos, parte de la creación-Eco); los que creen en mí, en ese momento serán conscientes de que no están solos ni separados. Todo lo contrario, tienen la certeza de que estamos unidos, que co-existimos en cada momento de vida» (Juan 14:17-20). Ser conscientes de esta plenitud de vida transforma completamente nuestra comprensión de la realidad. El temor a la muerte (por el dolor que causa) se disipa, queda vencido, deja de asustar y comenzamos a verla como una maestra sabia que nos anuncia que es mejor disfrutar diariamente de la plenitud de vivir, porque Dios-Teos, su Creación-Eco y nosotros, ahora conscientes de que estamos intrínsecamente unidos, somos capaces de enfrentar el dolor que la vida trae con la paz que sobrepasa todo entendimiento (Juan 14:26-27). Esto transforma nuestra vida en una misión diaria de Buenas Nuevas, donde creativamente cualquiera que crea en Él tiene la capacidad de transformar el dolor en plenitud de vida aquí y ahora.
En nuestro tiempo, cada vez encontramos más estudios por parte de científicos y especialistas sobre las anécdotas del proceso de morir y luego, por alguna razón, volver a vivir. Curiosamente, les llaman «experiencias cercanas a la muerte» (Near death experiences: https://www.nderf.org/index.htm). En casi todas las anécdotas compartidas, los estudiosos parecen invitarnos a reflexionar que la muerte no es para temer, sino para encontrar más propósito al vivir hoy, porque el temor a morir se disipa después de volver de esa experiencia. Definitivamente, a nosotros como cristianos nos sirve como confirmación de que la realidad de la vida es como la relación intrínseca y profunda que uno tiene con la Trinidad, donde Padre-Teos, Hijo-la nueva humanidad (Filipenses 2) y Espíritu-La Palabra, el Verbo o aliento de vida que ordena la creación en el caos (Génesis 1:1-3), estamos existiendo y deviniendo momento a momento en una relación plena (perichoresis) que le da sentido a cada momento de vida que disfrutamos. Esto nos ayuda a prepararnos para vivir con esperanza cada día y crear nuevos horizontes de transformación de la vida cotidiana. Nada es como ayer; después de la tormenta viene la calma, viene la paz. Un nuevo día está deviniendo. Estamos vivos. El vivir es Cristo, el morir es ganancia (Filipenses 1:21). De esta forma, el UNO de la pura relación trinitaria de la realidad que nos es dada en Jesucristo nos permite co-existir: Cosmos (Creación/Eco/Espíritu), Teos (Dios/Padre), Antropos (Hijo, Jesucristo, nueva humanidad en nosotros) deviniendo en pura relación (perichoresis) momento a momento. Esto es la plenitud de estar conscientes de la realidad cosmo-teo-ándrica que nos llama a una misión de vida de transformación con las Buenas Nuevas (Eco-Evangel-Discipulando).
Hablemos de la muerte en nuestro sistema económico
Es necesario decir que, en este momento, hay un solo sistema económico que ha superado en la historia humana al sistema feudalista y a todos los demás sistemas económicos previos. No importa si los gobiernos políticos son de derechas o de izquierdas; hasta esta parte del 2026, hay un solo sistema económico. Y aunque ha superado a los otros sistemas económicos, se basa en una lucha de competencia por tener y acumular, tan grande que desde su institución, tanto gobiernos de derecha como de izquierda han traído muerte con sus formas de ejercer el poder en dictaduras que siempre afectan y causan muerte a los más pobres, a los que menos tienen. Esto es verdad ahora mismo tanto en China, en Estados Unidos como en toda Latinoamérica. Nuestro sistema económico, con su competencia por tener y acumular, nos está llevando a la cúspide de la destrucción de la creación. Esto significa que, cuando escuchamos a los expertos en el tema, todos nos están diciendo que, a menos que transformemos este sistema ahora, lo que nos espera es una extinción de la vida (Eco-Creación) tal como la conocemos. Nuestro sistema económico, tal como lo estamos viviendo ahora mismo y como lo presentamos en la publicación del mes pasado, enriquece a unos cuantos y empobrece a la mayoría.
En Latinoamérica, hemos visto gobiernos tanto de izquierdas como de derechas tomar el poder y, desafortunadamente, fracasar y sacrificar la vida de los más pobres. Ambos poderes han hecho lo mismo con los más pobres, y aquí es donde nosotros, como seguidores de Jesús el Cristo, empezamos a sentir el llamado de la misión de transformar esta triste realidad, alineándonos con el Padre que bíblica e históricamente escuchó, y sigue escuchando, el dolor de los que más sufren. En este momento, cuando caminamos por las calles de los barrios pobres de Latinoamérica y por las calles de ciudades como Los Ángeles, podemos afirmar que los que más sufren son aquellos a quienes el Padre envió al Hijo para darles su Espíritu de Vida y tengan esperanza precisamente en el estado en el que nuestro sistema económico los ha llevado, y que con fuerza bruta sigue aumentando el dolor y la destrucción de las vidas humanas, infundiendo miedo y desesperanza. Este mismo dolor lo podemos ver en el calentamiento de la creación-Eco, donde los sistemas ecológicos de vida en los bosques, ríos, lagos y mares son destruidos por el consumo voraz al que nuestro sistema económico nos ha llevado, destruyendo bosques para producir aquello que dé más ganancia en el mercado. Definitivamente estamos frente a una multicrisis. Estamos entrando en una época de caos en donde los reyes, príncipes y señores que influencian a los gobiernos destruyen tanto la vida humana como los sistemas de vida que sostienen la creación-Eco de nuestro planeta.
Sin embargo, en este caos tan alarmante que lleva a la muerte de grandes masas humanas y de los ecosistemas que sostienen la vida en la creación, existen amplias oportunidades para la transformación. Si bien las teorías económicas y sus expertos se debaten en la búsqueda de imponer sus ideologías, nosotros reconocemos que existe una alternativa: la misión integral de vida que, como seguidores de Jesús el Cristo, somos llamados a practicar creativamente desde donde estamos. Porque la transformación que nace en nuestros corazones y nos hace conscientes de la realidad cosmo-teo-ándrica se desplaza de boca en boca, de persona a persona en nuestras comunidades, para crear así redes de vida abundante donde la sostenibilidad se logra en la relación donde todos, cosmo-teo-ándricamente, cooperamos para una vida mejor, no solo para unos pocos sino para todos. Estas comunidades de comunidades de comunidades ya están creciendo, ya están transformando y con esperanza trayendo sanidad/salvación integral, pero aún se nota la debilidad porque ponemos los ojos en la muerte; el cambio llega cuando ponemos los ojos en la vida. Cada día que pasa, paralelamente a los estudios que muestran la destrucción a la que nuestro sistema económico nos ha llevado, también existen estudios que demuestran el poder de restauración que, desde donde estamos, podemos lograr. El suelo coopera con nosotros: con solamente poner una pulgada de materia orgánica, como hojas secas, desarrollamos billones de microorganismos que traen vida para la reforestación. Los expertos nos están hablando claramente de que la restauración de la creación es multifacética, requiere cooperación de comunidad en comunidad, y que tenemos solo una década para transformar la dirección que llevamos por medio de la sanidad o restauración (https://www.nature.org/en-us/what-we-do/our-insights/perspectives/critical-decade-ecosystem-restoration/).
Por esta razón, nosotros como cristianos somos la clave. Necesitamos abandonar las formas exclusivistas que nos encierran en nuestras cuatro paredes por temor a la muerte que vemos en nuestra comunidad. Necesitamos abrazar el concepto de comunidad, amor, compasión y cooperación de la Trinidad cosmo-teo-ándrica, y en esa plenitud de esperanza desarrollarnos como líderes siervos, como lo enseñó Jesús el Cristo (Lucas 22:27), porque la eternidad y lo temporal no están separados. Hoy podemos sembrar esta preciosa simiente de vida por medio del Eco-Evangel-Discipulado y proclamar, mientras devenimos juntos (perichoresis), la vida en abundancia sin temor a la muerte.
Eco-Evangel-Discipulando
El odio que se alimenta de la competencia por tener más o ser mejor que otros es el que reina en nosotros, en nuestras familias y claramente en nuestras comunidades. Necesitamos nacer de nuevo, despertar a la realidad cosmo-teo-ándrica que trasciende la muerte, en donde el amor echa fuera el temor. Nuestras reuniones están plagadas de pensamientos destructivos donde competimos destructivamente, queriendo aplastar a otros. Nuestra vida está llena de eventos donde todo lo que hacemos lo hacemos para demostrar que somos mejores, a costa de destruir a otros. Esto no puede continuar. Necesitamos avanzar en el camino que nos lleve a la transformación de la muerte a la vida, y este camino está iluminado por la luz que nace en nosotros cuando estamos conscientes de que no caminamos solos, de que en cada momento lo eterno y lo temporal son parte nuestra. De que todo lo que hacemos tiene repercusión en lo que nos rodea; de que hasta el acto más pequeño de bondad y compasión afecta la eternidad, como dar un vaso de agua al sediento, vestir al desnudo, o simplemente ir a visitar a los presos (Mateo 25:35-46).
Superar el odio que se alimenta de la competencia en nuestros días requiere que sigamos a Jesús el Cristo, y esto requiere vaciar nuestro ser, no para ganar sino para servir. Jesús el Cristo nos enseña que Él, en su estado de ser Dios, aceptó entrar a la experiencia humana y demostrar que la clave está en despojarse del deseo de ganar y transformarlo en deseo por servir. Esta es una transformación kenótica, en donde nos vaciamos del deseo de ganar y lo llenamos del deseo de servir, tener compasión y cooperar para provocar una transformación colectiva. Esta transformación colectiva es la que hemos llamado Eco-Evangel-Discipulado, no para imponer un nuevo término, sino para ampliar lo que ya conocemos y enfocarnos en la fuente de plenitud de vida que brota cuando realizamos que la realidad es cosmo-teo-ándrica. Esto nos lleva a reconocer que la misión integral de la cual tanto hablamos es integral no solo porque queremos servir a la persona humana completa, sino porque, en la situación de muerte en que nos encontramos, necesitamos ampliar nuestra misión ahora también a la creación, a la casa común, que es la otra cara de la misma moneda que sigue aumentando la pobreza y la destrucción.
La compasión y cooperación que necesitamos desarrollar como humanos, desde lo local hasta lo global, se encuentran en una proclamación de salvación cosmo-teo-ándrica. Por eso, en el eco-evangel-discipulado que formaremos desde donde estamos, surgen los eslabones de siervos guerreros kenóticos que se necesitan en esta década para formar las cadenas de transformadores que podrían cambiar el estado de muerte en el que nos encontramos. Solamente si abandonamos el odio que se alimenta de la competencia por tener y ser mejor que otros, y lo cambiamos por el deseo de servir con compasión y cooperación como Jesús el Cristo lo hizo, podremos alcanzar las metas de renovación que las redes de ecosistemas que sostienen la vida están clamando con voces de parto.
Conclusión
Como ya lo hemos afirmado, la competencia de nuestro sistema económico que nos amenaza con muerte por medio del odio y el autoritarismo ya está siendo transformada a través del surgimiento de un liderazgo de servicio, compasión y cooperación. Este liderazgo se logra en el Eco-Evangel-Discipulado, y ese liderazgo está consciente de que la desolación de la muerte ha sido vencida porque ahora somos capaces de ver que la realidad en la que vivimos cada día deviene intrínsecamente: Dios, nosotros y la creación. Esta realización es la fuente de vida que nos permite hacer, ahí donde estamos, en un momento como el que vivimos, acciones de servicio compasivo y cooperativo tan sencillas pero enormemente impactantes como dar un vaso de agua al sediento. Esto no es poca cosa si entendemos la realidad como una relación de la cual nosotros formamos parte. El sello de garantía de que lo malo que antes hacíamos hoy lo hemos transformado por obras de servicio está en nuestro ser interior, que ahora se vacía momento a momento del odio que nace en la competencia y se llena de la esperanza de que, por más pequeño que sea nuestro acto de servicio, mientras sea para servir y ayudar, ya estamos siendo parte de la transformación que necesitamos. Este es el principio de la misión integral que ahora podríamos llamar eco-misión-integral: llevar Buenas Nuevas de vida con Dios, el Cosmos y el resto de la Humanidad (Mateo 25:35-46).
Consideremos algunas ideas para empezar
- Abandonar el odio que nace en la competencia por tener más o ser mejor que los que nos rodean. Considera iniciar un grupo de eco-evangel-discipulado para cultivar el valor de la kenosis de Jesucristo y transformarte en una persona que con compasión sirve y coopera con la eco-misión-integral.
- Abandonar el consumismo utilizando la ropa, zapatos y vestidos que tenemos para llenar nuestras necesidades diarias. Considera donar lo que no usamos y usar lo que usamos al máximo.
- Abandonar el desperdicio de comida, preparando solamente la comida necesaria para llenar las necesidades de nuestra familia y evitando a toda costa el desperdicio de alimentos.
- Abandonar la idea de dominar a otros y, en su lugar, buscar tener compasión y cooperar para su transformación cosmo-teo-ándrica.
- Abandonar las ideas de miedo y, utilizando Mateo 25:35-40, desarrollar formas de servicio con compasión y cooperación.
«Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» (Juan 14:19-20, 27)
